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El icono de Cristo en el Compendio del Catecismo

El icono de Cristo Pantocrátor (el que todo lo gobierna), de singular belleza artística, nos recuerda las palabras del salmista: "Tu eres el más bello entre todos los hombres, en tus labios se derrama la gracia" (Sal 45, 3).
San Juan Crisóstomo, aplicando al Señor Jesús esta alabanza, escribía: “Cristo estaba en la flor de la edad, en el vigor del Espíritu, y en Él resplandecía una doble belleza, la del alma y la del cuerpo(Patrología griega, 52, 479).
Con su lenguaje figurativo este icono constituye la síntesis de los primeros concilios ecuménicos. Logra representar tanto el esplendor de la humanidad como el fulgor de la divinidad de Jesús.
Cristo está revestido de una túnica roja, cubierta por un manto azul oscuro. Los dos colores recuerdan su doble naturaleza [humana y divina], mientras los reflejos dorados hacen referencia a la Persona Divina del Verbo. Del hombro derecho cae una estola dorada, símbolo de su sacerdocio eterno.
El rostro, majestuoso y sereno, enmarcado por una tupida cabellera y circundado por una aureola que enmarca una cruz, lleva el trigrama «O © N» (“El que es”), que remite a la revelación del nombre de Dios en el libro del Éxodo 3, 14. Arriba a los lados del icono se encuentran dos digramas «IC-XC» (“Iesus”-”Christus”) que constituyen el título de la imagen misma.
La mano derecha, con el pulgar y el anular curvados hasta tocarse (que indican la doble naturaleza de Cristo en la unidad de la persona), es el gesto típico de bendición. La mano izquierda, por su parte, sostiene el Evangelio, adornado con tres cierres, perlas y piedras preciosas. El Evangelio símbolo y síntesis de la Palabra de Dios, tiene también un significado litúrgico puesto que en la celebración eucarística se lee una perícopa sacada de él y se recitan las palabras de Jesús en la consagración.
La imagen, síntesis sublime de datos de la naturaleza y de símbolos, es una invitación a la contemplación y al seguimiento de Cristo.
También hoy, Jesús, por medio de la Iglesia, su esposa y cuerpo místico, continúa bendiciendo a la humanidad e iluminándola con su Evangelio, el auténtico libro de la verdad, de la felicidad y de la salvación del hombre.
En agosto del año 386, mientras se encontraba en el jardín de su casa, Agustín oyó una voz que le decía: “Toma y lee, toma y lee(Confesiones 8, 12, 29). El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, síntesis del Evangelio de Jesús, ensañado en la catequesis de la Iglesia, es una invitación a abrir el libro de la verdad y a leerlo, aún más, a devorarlo, como hizo el profeta Ezequiel (cf. Ez. 3, 1-14).