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La risa y el sentido del humor

El cerebro feliz
La risa y el sentido del humor.
Proyecto divulgativo de la Universidad de Navarra. Pamplona, España
El texto escrito está elaborado por y para esta web
 
Risa significa alegría y felicidad en los más diversas pueblos de todas las épocas. 
Ya Darwin afirmó que los hombres expresan sus emociones de la misma manera. 
La capacidad de comunicarse con los gestos es innata y es un lenguaje universal.  Niños ciegos o sordos de nacimiento que nunca han oído una risa o visto una sonrisa lo hacen cuando están satisfechos o alegres. 
 
Según los estudios del científico británico Richard Wiseman los chistes más graciosos y universales son los que utilizan el juego de palabras palabras para crear una situación absurda. 
 
¿Qué ocurre en nuestro cerebro desde que nos cuentan el chiste hasta que nos reímos? 
Las nuevas técnicas de imágenes cerebrales nos permiten saber cómo procesa el cerebro sentido del humor.
Las imágenes obtenidas por resonancia magnética funcionan mientras diversos voluntarios  cuentan o leen un chiste y muestran que para entenderlo  activamos las mismas áreas que utilizamos para procesar el lenguaje.
En el proceso completo intervienen las tres capas del cerebro:
1. Por una parte usamos algunas áreas de la corteza cerebral para procesar las palabras recibidas y darnos cuenta de que lo escuchado o leído no tiene sentido. 
2. Por otra parte, utilizamos la zona en la que se activa una emoción placentera ante lo absurdo. 
3. Finalmente, para que se produzca la carcajada y la alegría utilizamos la tercera capa del cerebro. 
 
El sentido del humor requiere una mente ágil y flexible, ya que los procesos de entender el chiste, encontrarlo divertido y reírse se sincronizan muy rápido:
1. En primer lugar escuchamos o leemos las palabras. Inmediatamente nuestros receptores de la vista o el oído envían los datos al cerebro. En ese momento, el hemisferio cerebral  izquierdo empieza a ordenar los datos recibidos mientras tratamos de acertar el final lógico de la historia. 
2. Por otra parte, se activa una pequeña área en el hemisferio derecho que nos permitirá imaginarnos la historia desde una perspectiva absurda. Para entender ese absurdo utilizaremos dos zonas que están implicadas en el procesamiento del lenguaje.  Éstas áreas son fundamentales para entender la coherencia de lo que recibimos al inicio de la historia y detectar después la incongruencia propia del chiste.
3. Para poder contrastar lo imaginado y el resultado final inesperado necesitamos utilizar además la memoria a corto plazo. Se trata de una especie de red neuronal que almacena nuestra expectativa lógica de la historia mientras recibimos la información que en un momento concreto hace un giro absurdo rompiendo nuestros expectativas.   
Lo lógico e ilógico se encuentran en el tiempo y comprobamos que es absurdo y lo absurdo resulta divertido.
4. Me resulta divertido porque nuestro cerebro dispone de forma natural de la llamada "central anunciadora de errores", localizada en la zona media posterior de la corteza frontal. Allí las neuronas se activan en cuanto una acción se aparta de lo correcto.
Esa capacidad innata en el ser humano de detectar errores siempre tiene recompensa. Hasta este momento nuestro cerebro ha detectado el absurdo.
 
5. Pero para que se produzca el sentimiento de diversión y la carcajada es necesario que se active la zona que procesa los sentimientos en la segunda capa del cerebro.
 
6.Como otros muchos estímulos positivos, lo gracioso  o lo absurdo activa un área en la tercera capa de cerebro que fabrica dopamina, también conocida como “hormona de la felicidad”.
A continuación, esta hormona estimula el interruptor central del sistema de recompensa. Una vez activado, el interruptor envía señales de felicidad a la corteza prefrontal. Al mismo tiempo, el sistema de recompensa  y de placer se encarga de generar la redacción eufórica.
 
Hombres y mujeres procesan la información de forma diferente. Comparar que ocurre en su cerebro ante los mismos chistes permite conocer mejor el componente emotivo del sentido del humor.
Las mujeres activan más dos regiones del cerebro: las áreas de lenguaje y la implicada en la memoria a corto plazo.
 
Las investigaciones de Wiseman concluyen que ellos cuentan más chistes pero que ellas disfrutan más con el humor. ¿Por qué? 
Las mujeres generan mayor actividad en el interruptor central del sistema de recompensa. La forma de procesar información utilizada por el cerebro femenino consigue una mayor integración entre el conocimiento y la emoción. Lo que produce una respuesta a lo agradable muy alta.
 
En cambio, el cerebro masculino, al no integrar tanto el componente emotivo espera recompensa de lo absurdo del chiste sea divertido o no. 
 
También hay que tener en cuenta que encontrar algo más o menos divertido es muy personal y depende de la intensidad de la emoción provocada. Además, el ejercicio mental favorece el desarrollo de la memoria a corto plazo.  De ahí que el sentido del humor aumente si tenemos una inteligencia fluida y creativa.
 
Se ha demostrado que reír es saludable, ya que produce la aceleración del ritmo cardiaco y un aumento de aporte de oxígeno al cerebro.
Además, ayuda a disminuir el estrés, por lo que las personas con humor tienen un sistema inmunitario más sano, sufren un 40% menos de infartos y viven cuatro años y medio más de media.
 
Observando el mundo animal, podemos ver que algunos gesticulan de forma parecida a la risa humana relajándose si han pasado peligro o mientras juegan, pero ni cuentan chistes ni se ríen con ellos.
La risa arranca de la parte más antigua del cerebro la responsable del control de las emociones primitivas como el miedo y la alegría.
En el sistema de señales utilizado por los animales, los sonidos son avisos que significan automáticamente que hay depredadores o que hay alimentos.
No son reacciones conscientes, ya que su cerebro carece del potente haz de fibras que posee el cerebro humano que conecta las áreas de lenguaje permitiéndonos jugar con las palabras, contando y entendiendo los chistes.
 
Podemos concluir que humor y felicidad son genuinamente humanos y universales.
La felicidad se asocia a llevarse bien con uno mismo y con el entorno.
Para ello importan, sobre todo, el sentido de la vida y las relaciones con los demás.
Si uno puede reírse de los impedimentos para ser feliz, es que los puede superar.